La lucha que el autor ha librado durante diez años para lograr que la
manufactura pase de ser un arte a una ciencia ha empezado a dar frutos. Su reputación
como innovador comenzó en 1979 cuando la introducción de su sistema computarizado de
programación derrumbó el mito de que la programación finita no funciona. La revista
Fortune ha dicho del autor de El síndrome del pajar: "Un israelí sacude a las
fábricas norteamericanas".
Editorial: Castillo.